Tomó a su hijo de cuatro años en brazos y lo arrojó por la ventana de su cuarto piso. Abajo esperaban policías de la Alemania occidental preparados con lonas para recibir al pequeño. Era el precio de la libertad en el Berlín que hace 50 años comenzaba a convivir con un Muro.
La
construcción de la pared que cortó en dos la ciudad el 13 de agosto de 1961 es
uno de los acontecimientos políticos más relevantes del siglo XX. Pero también
un drama humano que demostró hasta dónde puede llegar el anhelo de libertad y
escribió historias de fuga inverosímiles.
"Desde el 13 de agosto ocurrieron en esta ciudad cosas de las que sólo podremos
hablar abiertamente dentro de muchos años", decía ya en julio de 1962
Heinrich Albertz, luego alcalde de Berlín, en alusión a quienes "sin
obligación, reconocimiento ni recompensa arriesgaron su vida por los
demás".
Casos como el del padre que arrojó a su hijo -inmortalizado en una famosa foto
del pequeño volando en plena caída- fueron frecuentes en la calle Bernauer. La
céntrica vía vivió huidas escalofriantes por una particularidad: muchos de sus
edificios tenían la entrada en el este y las ventanas en el oeste.
Especialmente tensa fue la fuga de Frieda Schulze, de 77 años: cuando estaba
por lanzarse al vacío, los policías de la extinta República Democrática Alemana
(RDA) entraron en su casa y llegaron a sujetarla por los brazos, mientras otros
vecinos la ayudaban a caer hacia la
Alemania occidental colgándose de sus pies.
La filmación de ese aparatoso tironeo de un ser humano entre dos países se
exhibe en el nuevo Centro de Documentación del Muro de Berlín, que también
muestra una foto del momento en su web: http://dpaq.de/LLPHx
Schulze logró fugarse, pero no todos tuvieron tanta suerte. El 22 de agosto,
sólo nueve días después de que comenzara a construirse el Muro, Ida Siekmann
murió por las heridas que sufrió al saltar.
Sería la primera de al menos 136 víctimas que intentaron cruzar el "Muro
de la vergüenza", como se lo llamó en occidente. Los familiares no podían
ver el cadáver ni participar en el entierro. Muchos se enteraron de las
verdaderas circunstancias en que había muerto un ser querido sólo tras la
apertura de los archivos de la
Stasi en los años 90.
El objetivo central del Muro era frenar el flujo imparable de emigrantes (unos
200.000 sólo en 1960) y por eso la instrucción frente a un caso de fuga era
claro: "Se debe disparar contra los traidores y quienes violen la
frontera", ordenó ya en 1961 Erich Honecker, entonces responsable de la
construcción del Muro y luego presidente de la RDA.
Aun así, desde 1961
a 1989 lograron huir 5.075 personas, gracias a métodos
de fuga cada vez más sofisticados. Algunos de los métodos más ingeniosos se
exhiben hoy en el museo junto al histórico Checkpoint Charlie de Berlín (http://dpaq.de/bxavk).
Allí pueden verse diversos automóviles con huecos en el motor para ocultar una
persona. También la historia de Bernd Böttger, que en septiembre de 1968 escapó
con un mini-submarino de fabricación casera luego fue patentado y fabricado en
serie. O la de Renate Hagen, fugada en 1977 junto con su futuro marido, el
cantante Theodorus Kerk, dentro de un altoparlante de 50 x 60 centímetros.
Más de 5.000 lo intentaron a nado a través del mar Báltico, en una gesta que
sólo completaron unos 900 y que costó la vida al menos a 174. Mario Wächter fue
el último en lograrlo, el 2 de septiembre de 1989, después de nadar 38 kilómetros en 19
horas.
La película "Night Crossing", de Delbert Mann, inmortalizó otra de
las fugas más famosas de la RDA:
la vivida por dos familias en 1979 gracias a un globo fabricado en sus casas.
"No teníamos miedo ni estábamos nerviosos", recordó Günter Wetzel,
uno de sus ocho ocupantes. Después de un vuelo de 28 minutos, el globo aterrizó
sin problemas, pero los fugitivos no sabían dónde. Al ver un policía le
preguntaron "¿estamos en el oeste?". "Sí, ¿dónde si no?",
respondió sorprendido.
Otro capítulo clave en la historia de las fugas fue el de los túneles. El más
famoso de ellos fue construido durante diez meses por estudiantes de Berlín
occidental desde una panadería abandonada de la calle Bernauer.
A través de sus 145
metros de largo escaparon 57 personas las noches del 3 y
el 4 de octubre de 1964. La hazaña terminó cuando un infiltrado denunció la
operación.
Los estudiantes que la habían organizado -entre los que se encontraba Reinhard
Furrer, luego uno de los primeros cosmonautas alemanes- publicaron entonces un
panfleto que sigue valiendo como defensa de la libertad y de la fuga frente a
la opresión.
"El Muro es ilegal. Ayudar a los fugitivos es el reestablecimiento de un
derecho", señala el texto. "Quien ayude de este modo a unir a los
alemanes está uniendo a Alemania. Y quien une a Alemania supera el principal
obstáculo para lograr una Europa Unida".
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