La Audiencia Provincial de Madrid dictaminó en una
sentencia, con fecha del pasado mes de julio que el poeta, crítico y académico
Carlos Bousoño y su esposa Ruth Bousoño, abogada y filóloga, son los
propietarios legítimos del archivo del poeta y Nobel de Literatura Vicente
Aleixandre. La sobrina segunda de éste, Amaya Aleixandre, mantiene desde 2008
un litigio con el matrimonio Bousoño por la propiedad de este archivo que,
según ella, formaba parte de su herencia. LA NUEVA ESPAÑA ha
realizado una entrevista, mediante correo electrónico, a Ruth Bousoño, quien
afirma que la sentencia de la Audiencia Provincial de Madrid deja muy claro que
el matrimonio Bousoño es el dueño del archivo personal de Vicente Aleixandre.
-¿Cómo han acogido Carlos Bousoño y usted la sentencia?
-Nos ha producido una honda satisfacción, la lógica después de casi cuatro años
de lucha incruenta por defender unos derechos que han sido siempre nuestros.
Hemos visto nuestro nombre, imagen, dignidad, honor e intimidad manchados
públicamente, como pocas veces se ha visto en el ámbito de la cultura. La parte
contraria envió correos electrónicos -que conservamos- a los jefes de cultura
de los medios de comunicación más conocidos de toda España. Hizo llegar,
además, a los políticos de Madrid y Andalucía, burofaxes, que también
conservamos en los que se nos acusaba de habernos apropiado indebidamente del
archivo personal de Vicente Aleixandre.
-¿Cuál es ahora su sensación?
-Cuando a uno lo han puesto cara a cara con lo más feo del alma humana, la
sensación que se tiene al ver que le han hecho justicia es muy grande, pero la
huella que te ha dejado ver de lo que es capaz la avaricia más voraz te pone
una sordina en la alegría esperable. El daño irreversible que ha supuesto en
nuestras vidas el despropósito de la sobrina segunda de Vicente Aleixandre de
acusarnos de haber sustraído el archivo personal de su tío con alevosía, abuso
de superioridad y aprovechando las circunstancias del lugar, y obrando con
abuso de confianza, a sabiendas de que estaba faltando a la verdad en todo
momento, es de los que no se olvidan.
-¿Qué le parece a usted como abogada la sentencia?
-Los magistrados son contundentísimos. La sentencia es muy encomiable
objetivamente, por su solidez y porque es el resultado de mucho trabajo de los
jueces y magistrados. A lo largo del proceso siempre quedó claro que se estudiaron
«con lupa» cada uno de los documentos y pruebas del abultadísimo expediente que
constituye el rollo (es un tecnicismo judicial) del juicio por el Archivo
Vicente Aleixandre. Las pruebas exhaustivas las hemos aportado nosotros, como
deja claro la sentencia de la Audiencia Provincial de Madrid.
-¿Ha sido un caso complejo?
-Para entender el gran mérito de los antes citados no hay nada más que pensar
en la inexistente jurisprudencia sobre archivos personales en España. Algún
pleito ha habido sobre objetos artísticos, pero no conozco ninguno en el que la
parte demandante utilice la burda argucia de que el creador de su propio
archivo personal -Vicente Aleixandre, en nuestro caso-, nunca supo que tenía un
archivo personal. Si hay alguien que dejó pruebas de que era absolutamente
consciente de que había creado un archivo personal fue nuestro queridísimo
premio Nobel 1977. Ya en la primera reseña que le hiciera Juan Chabás en 1928,
sobre su primer libro «Ámbito», Vicente dejó huellas manuscritas de que ese artículo
formaría parte de su archivo personal. Y esa sería la pauta hasta tres semanas
antes de su muerte.
-¿Era un hombre meticuloso?
-Dejó clasificados en orden cronológico riguroso -en carpetas con etiquetas
escritas de su puño y letra- la práctica totalidad de los artículos y reseñas
que hicieron sobre él y su obra desde 1928 hasta noviembre de 1984. También
hizo lo mismo con sus documentos bancarios y con los de la percepción de
derechos de autor. Las cartas las dejó en cajas, seleccionadas a grosso modo.
Las de los escritores españoles estaban separadas de las del resto de autores.
-¿Guardaba mucha correspondencia?
-Había grupos de cartas recibidas de sus estudiosos, de sus editores, de
hispanistas del mundo entero, de sus agentes literarios. Una persona que
conserva las tarjetas de visita de quienes lo atendieron en los bancos en los
que tenía cuentas, deja muy claro que es plenamente consciente de que está
creando su archivo personal para la posteridad. Aleixandre dejó referencias -de
su puño y letra- a su archivo personal en cartas a José Luis Cano publicadas
por este en su libro «Vicente Aleixandre, Epistolario».
-¿A qué atribuye usted la insistencia de la sobrina del poeta pese a los
varapalos judiciales?
-A su soberbia y terquedad, pero hay un detalle muy importante que conviene
mencionar. La sobrina segunda -que no «sobrina», como se refiere a ella la
prensa- de Vicente Aleixandre no le puso valor al pleito contra nosotros (a
sabiendas de que el archivo había sido vendido a la Junta de Andalucía y a la Diputación Provincial
de Málaga por 5 millones de euros). Dijo en la demanda que se trataba de un
juicio de cuantía indeterminada. Gracias a ello pudo pararnos la compraventa
-cinco días antes de que se cerrara-. Pero he aquí que el detallito de que el
juicio era de cuantía indeterminada ahora podría cerrarle el camino hacia el
Tribunal Supremo, al estar vedado por ley que se recurra en casación en los
casos de los pleitos de cuantía indeterminada. Hasta el 7 de septiembre no
sabremos qué decisión toma.
-Amaya Aleixandre atribuyó a la fama de Carlos Bousoño el que los jueces fallen
a su favor.
-Las consecuencias de esa presunta acusación podrían ser gravísimas para ella,
pero no sorprenden en una persona que no ha tenido el menor empacho de acusarnos
ante toda España de delitos que conllevan cárcel -a sabiendas de que faltaba a
una verdad de la que teníamos centenares de pruebas públicas-. Y todo ello por
avaricia y soberbia. Esa era la única forma de arrebatarnos la propiedad del
archivo personal de su tío segundo. Ella no contaba con mi formación jurídica y
filológica, ni con mi tenacidad e inagotable capacidad de trabajo.
-¿Continúan con la idea de vender el archivo? Hay quien piensa que el poeta
dejó el archivo a Bousoño por cariño y por respeto intelectual pero no para que
lo vendiera.
-Sí, continuamos con la idea de vender el Archivo a la Junta de Andalucía, uno de
cuyos representantes declaró el pasado 2 de enero que estaban esperando a que
los tribunales resolvieran para adquirir el archivo. La gente es muy libre de
pensar lo que quiera, pero quienes sabemos por qué Vicente Aleixandre nos dejó
su archivo personal a Carlos y a mí (que no a Carlos solo, como he visto
publicado en la prensa) somos Carlos y yo, aparte de las personas de su entorno
cotidiano. Cuando nos enseñó las cajas y bolsas de cartas que conservaba -a
pesar de decirle a todo el mundo (excepto a su entorno más próximo) que su
hermana Conchita le tiraba todas las cartas que recibió- nos hizo prometerle
firmemente que no le íbamos a decir a nadie que conservaba una parte
considerable de las cartas que recibió a lo largo de su vida.
-¿Qué le impedía hacer pública la existencia de esas cartas?
-Vicente no quería que los eruditos empezaran a darle la lata pidiéndole que
les prestara las cartas. Ello hubiera supuesto un trabajo agotador para un
poeta que recibía a diario a media docena de personas, se leía todos los libros
y cartas que le enviaban, lo que se escribía sobre él, atendía personalmente a
casi todo el que lo llamaba y, por si esto fuera poco, escribió la extensísima
obra que conocemos.
-¿Puso alguna condición para entregarles el archivo?
-No nos puso ninguna condición, ni antes ni después de dicha entrega. Lo dejó
en las manos que él consideraba que estaban mejor cualificadas para
preservarlo, tanto por la apabullante cualificación de Carlos, como por el
afecto, la admiración y el respeto que ambos sentíamos hacia él. Sin olvidar el
trato íntimo y cotidiano que habíamos mantenido con él. Aunque yo me incorporé
a esa amistad poco antes de casarme con Carlos, en noviembre de 1975, mi trato con Vicente
y Conchita tuvo una frecuencia de varias visitas semanales. En el caso de
Carlos fueron siempre diarias, excepto en los meses de verano.
-¿Cómo recuerda los últimos años del Nobel de Literatura?
-Tuve la suerte de conocer personal e íntimamente a Vicente Aleixandre desde
antes de casarme con Carlos, como ya he dicho, pero, obviamente, ya lo había
estudiado cuando hacía mi primera licenciatura en Filología Hispánica en Nueva
York. Siempre sentí fascinación por la poesía de Aleixandre y por la calidez de
sus bellísimos ojos azules. A Vicente lo recuerdo lúcido (ahí están los textos
en prosa que dejó escritos de su puño y letra hasta un mes antes de morir)
hasta el momento en que se lo llevaron de su habitación, de la Clínica Santa Elena,
a la UVI.
-¿España recuerda a Aleixandre como se merece?
-No, España no recuerda a Vicente Aleixandre como se merece. Fue el poeta
español que más hizo por la poesía de todos los que recuerdo. Le regaló más de
la mitad de su vida a todos los poetas y estudiosos de la poesía que se
quisieron acercar a él. Se entregaba con pasión a sus amigos. Yo tengo pensado
un gran homenaje a Vicente Aleixandre cuando pase la turbulencia del lamentable
enredo judicial en el que nos metió su sobrina segunda.
-¿Cuándo decidió Aleixandre que su esposo tuviera su archivo?
-Él lo había dicho a su entorno más íntimo desde siempre -hay pruebas
fehacientes de ello- y, una vez que vio que entraba en la senectud nos reunió a
Carlos y a mí en su despacho para decirnos que quería hacernos entrega de una
parte simbólica de aquel. Nos llevó a su habitación para enseñarme dónde
guardaba sus manuscritos y me hizo ojear las carpetas para que supiera que eso
era lo primero que tenía que sacar cuando él muriera.
-¿Cómo está su esposo? ¿Qué lee? ¿Qué le interesa?
-Carlos, a sus ochenta y ocho años, tiene las analíticas de un joven de
veinticinco años muy sano. Sus músculos y su fuerza están excelentemente bien,
no obstante lo cual, camina como una persona mayor porque quiere. Lee bastante.
Últimamente ha leído a San Juan de la
Cruz y a Quevedo, pero lo que más hace es autoleerse y
corregir.