De todo el patrimonio cultural de la Iglesia, los archivos parroquiales sonseguramente uno de los conjuntos más importantes, de más fácil acceso paratodos, y a la vez, injustamente, uno de los más desconocidos. Las parroquiascatólicas comenzaron oficialmente en el siglo XVI, a instancias de lasdisposiciones del Concilio de Trento, un registro exhaustivo de laadministración de los sacramentos -bautizos, matrimonios- y de otros hechos ycircunstancias que hoy son un tesoro inestimable no solo para conocer laevolución de la Iglesia, sino de toda nuestra sociedad.
La documentación que han guardado los archivos de nuestras parroquias esactualmente de una gran utilidad para investigadores de ámbitos tan distintoscomo la historia en general, la genealogía, la demografía, la lingüística y,cómo no, la historia de la Iglesia.
En el pueblo vasco, a comienzos del año 1500, cuando todavía no habíaregistro civil, ni el Concilio de Trento había dado orden de llevar los librossacramentales, algunos párrocos tuvieron la intuición y determinación deregistrar la administración de los sacramentos, acompañados de un seguimientopastoral. Testimonio de ello son los 500 años de historia anunciando elEvangelio en homilías y catequesis; celebrando la vida: nacimientos, bodas,funerales, días alegres y tristes, tiempo de guerra y paz; sirviendo a lospobres, apoyando al hospital del pueblo, colaborando en las cofradías. Esta esla realidad, la auténtica imagen de la Iglesia, que no se ha sabido dar aconocer suficientemente para un nuevo despertar. En esos libros encontramos,además de los datos religiosos, los nombres, oficios, procedencia natal de lasfamilias del pueblo. Un sin fin de datos para conocer la evolución de la Iglesiay de nuestra sociedad.
Nos hallamos indiscutiblemente ante un conjunto patrimonial de primerorden, que fuera del ámbito eclesiástico no tiene comparación ni en volumen, nien antigüedad, ni en diversidad. Durante estos 500 años, como todavía hoy, pensandoen las nuevas generaciones, los párrocos siguen elaborando silenciosamente, díatras día, este gran patrimonio cultural de la Iglesia que a menudo pasadesapercibido.
En este tiempo de Pascua, el recuerdo del agua bautismal que ha manado ennuestras parroquias durante tantos años, nos anime a renovar el sacramento delbautismo a recordar con los feligreses y amigos de nuestras parroquias, suhistoria y tradiciones seculares.