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FECHA: 07/04/2009
AUTOR: MCJD
Existen elementos que tienen importancia excepcional para la identidad de un pueblo. En Costa Rica, por ejemplo, cumplen esta función la Casona de Santa Rosa, las tradiciones gastronómicas y las prácticas asociadas al boyeo y la carreta, que incluso se consideran de valor mundial. ¿Se ha puesto usted a pensar que los textos, fotos y videos pueden ser igual de vitales para la memoria de un país?
En este sentido, la Unesco impulsa un registro llamado Memoria del mundo, y su convocatoria para Costa Rica se abre, por primera vez, con un plazo que vence el 31 de julio. Lo que se busca es que el patrimonio documental costarricense cuente con su debida protección y declaratoria. Muchos de los documentos que se caracterizan por esta relevancia están en manos de instituciones como el Archivo Nacional, las bibliotecas y las universidades; sin embargo, también hay otros en manos privadas.
Virginia Chacón Arias es la directora del Archivo Nacional, institución adscrita al MCJ, y también la coordinadora del comité costarricense para la Memoria del mundo. Ella explicó que las obras que se postulen para el registro pueden ser documentos o conjuntos documentales de naturaleza archivística, bibliográfica o audiovisual, custodiado en Costa Rica. Es así como los materiales propuestos pueden ser textos (manuscritos o impresos), audiovisuales (películas, videos o registro sonoros), iconográficos (fotografías, estampas, diseños) o cartográficos, en soporte convencional o no.
Para concursar, las personas o instituciones interesadas deben completar un formulario y hacer llegar la información vía postal, en español, antes del 31 de julio de 2009. El sobre debe contener la indicación de "Reservado". (Ver recuadro)
Doña Virginia indicó que la Unesco impulsa el programa Memoria del mundo desde hace más de 20 años. De acuerdo con el documento distribuido por el Archivo Nacional la misión de este programa es "incrementar la conciencia y la protección del patrimonio documental mundial y lograr su accesibilidad universal y permanente". Este trabajo se basa en la idea de que "el patrimonio documental mundial pertenece a todo el mundo, debe ser plenamente preservado y protegido para todos y, con el debido respeto por los hábitos y prácticas culturales, debe ser accesible para todos de manera permanente y sin obstáculos".
Actualmente existen tres tipos de registros, según aclaró la coordinadora; en el caso de Costa Rica se inicia con el proceso que distingue obras de importancia nacional, pero la expectativa es que más adelante se concurse para ingresar a las listas de importancia regional y mundial.
Entre las obras que actualmente se consideran de valor universal, Chacón señaló como ejemplos a la Biblia de Gutenberg y al Tratado de Tordecillas. Ella reconoce que la mayoría de textos con esta declaratoria son europeos; no obstante, de América Latina se han incluido algunos en este selecto grupo: de Chile se declaró el fondo documental sobre los jesuitas y el Archivo del Terror, con documentos sobre la dictadura de Pinochet; de México, por otra parte, se tomó en cuenta a los Códices mexicanos y la Biblioteca Judía Ashkenasi. De la misma forma, Uruguay tiene declarada una colección de discos de Carlos Gardel y Venezuela un fondo documental sobre Francisco de Miranda.
El programa Memoria del mundo también contempla obras valiosas para una determinada región y, finalmente, hay comités locales que evalúan el valor nacional de una obra, que es lo que Costa Rica hace por primera vez con esta convocatoria.
Desde el punto de vista de Virginia Chacón, Costa Rica conserva no solo documentos de gran valor nacional, sino también algunos que podrían ser candidatos a ostentar declaratoria regional y mundial.
Entre los materiales que ella considera que tienen importancia mundial se encuentran todos los documentos ligados a la abolición de la pena de muerte y del ejército, dado que Costa Rica fue el primer país en el mundo en tomar estas medidas; el archivo personal y profesional de Franklin Chang, primer astronauta latinoamericano; y el archivo del presidente Oscar Arias, en lo relativo al proceso de pacificación de Centroamérica y el otorgamiento del Premio Nobel de la Paz.
Entre aquellos de importancia regional ella destaca los fondos documentales de la Corte Centroamericana de Justicia (que tuvo su sede en Costa Rica), los materiales relativos a la Campaña Nacional 1856-1857 y la Biblioteca del historiador Carlos Meléndez, que fue adquirida por el Centro de Investigaciones Históricas de la Universidad de Costa Rica.
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