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FECHA: 16/01/2009
AUTOR: Ian Austen (NYT)
¿Por qué el más poderoso del mundo no puede tener su BlackBerry?
El presidente electo Barack Obama ha reconocido repetidamente una fuerte dependencia de su Verizon BlackBerry 8830 World Edition, conocida como la BarackBerry. De hecho, se ha lamentado porque el Servicio Secreto y sus abogados parecen estar ganando la batalla para negarle este vínculo electrónico con sus amigos, su familia y con las noticias del mundo en general. "Me sigo apegando a mi BlackBerry, no sé si ganaré", dijo.
No hay duda de que millones de viciosos de los mensajes y adictos a los e-mails pueden simpatizar con él. Pero hay varias razones importantes para separar a Obama de su querido aparato.
La primera es la seguridad. Research in Motion, la compañía canadiense que fabrica la BlackBerry, presume de que sus aparatos y su red fueron diseñados de arriba abajo para proteger los datos que circulan a través de ellos.
Cuando las compañías (o la Casa Blanca) instalan servidores RIM en sus redes de e-mail internas, los mensajes de BlackBerry de sus empleados son fuertemente codificados antes de ser enviados a uno de los centros de operaciones de la red de RIM y pasados a otros aparatos o redes. Esto significa que si alguien quisiera interceptar un mensaje, sería prácticamente imposible descifrar los contenidos.
Pero Obama sería un objetivo extraordinariamente jugoso para los hackers, espías y otros delincuentes, que podrían intentar explotar cualquier error cometido al configurar el aparato o el servidor BlackBerry de la Casa Blanca para leer su correo.
Bruce Schneier, un experto en codificación y seguridad, no cree que los sistemas de seguridad de RIM o de cualquier otra compañía sean completamente seguros. "Si la BlackBerry fuera completamente segura, sería la primera vez en la historia de la humanidad", sostiene Schneier.
Desvelar su localización
Además está la cuestión de que la BlackBerry de Obama pueda desvelar su localización, quizás a gente que pretenda hacerle daño. Todos los teléfonos móviles contactan de forma constante con las torres cercanas de su red inalámbrica cuando se encienden, de forma que las llamadas y los datos puedan ser dirigidos al teléfono.
Es técnicamente posible que alguien con acceso a los sistemas de una compañía de teléfonos móviles pueda usar estos contactos para seguir los movimientos de Obama, aunque esto no sería fácil.
En todo caso, los presidentes, con el gran despliegue de gente que llevan aparejado, no se mueven por ahí con mucho secretismo. Obama probablemente no va a olvidar su BlackBerry en un taxi ni va a elegir Michelle como contraseña. Pero debido al interés que despiertan el presidente electo y sus comunicaciones, los invasores de la intimidad estarían situados para aprovechar cualquier desliz de seguridad.
Otros que se oponen a que el presidente electo siga usando su BlackBerry son los abogados a los que les preocupa que las conversaciones que Obama teclea puedan convertirse en tema de batallas legales.
Según la Presidential Records Act de 1978, se exige que las administraciones entreguen sus comunicaciones a los archivos públicos, que las hacen públicas al cabo de cinco años después del final del último mandato del presidente.
Además está la preocupación por la imagen. Obama es conocido por llevar su BlackBerry en una funda colgada de su cinturón, lo que para muchos es el equivalente de llevar calcetines con sandalias. Una forma de evitar legitimar esta imagen porco moderna puede ser quitársela.
No hay duda de que la BlackBerry le granjea a Obama la simpatía de mucha gente que forma parte del núcleo de sus votantes. En cierto sentido, la BlackBerry no es diferente de los accesorios que otros presidentes utilizaban para relacionarse con sus bases políticas, como el sombrero de vaquero de Ronald Reagan.
Pero esas afirmaciones de estilo parecen menos arriesgadas que la BlackBerry; es más difícil piratear unos pantalones.
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