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FECHA: 30/12/2008
AUTOR: JESÚS HERNÁNDEZ
El zamorano abandona a mediados del próximo mes el cargo de máximo responsable del Archivo Histórico de la Guerra Civil
Sereno. Ni nostálgico ni eufórico. La armonía en el espíritu. Son los últimos días como director del Archivo Histórico de la Guerra Civil Española. Son las vísperas de su toma de posesión como nuevo responsable del Servicio de Archivos de la Universidad de Salamanca. El zamorano Miguel Angel Jaramillo (1960) ha aceptado la propuesta del Rectorado salmanticense y, con la autorización del Ministerio de Cultura -no se esperan, esta vez, oposiciones-, ocupará su puesto como máximo responsable de esos centros culturales de la institución académica «a mediados del próximo mes». Así lo manifestó a este diario, con serenidad.
Está a expensas de que «el Ministerio autorice la tramitación administrativa», confesaba. Depende de la prisa que se dé César Antonio Molina. No abandonará con tristeza el Archivo, ubicado en el antiguo Colegio de San Ambrosio, que pasa a integrar una de las secciones del Centro de la Memoria Histórica. «Voy con ganas.
Constituye un reto, un trabajo vivo, con el fin de poner en orden los documentos de la Universidad». Se producirá «un tratamiento en profundidad» de ese material histórico y cultural. «Me hace ilusión». Por eso, porque mira al futuro, hacia el horizonte que se perfila, observa la nueva tarea «con esperanza». Por eso, también, «prefiero hablar del futuro». Le aguarda la «organización y la gestión del sistema de archivos» de la Universidad de la capital vecina, y no es labor pequeña.
José Ramón Alonso, el Rector, ofreció el nuevo puesto al zamorano a finales del pasado mes. Jaramillo Guerreira estudió la propuesta, y optó por aceptar. Con su decisión, cierra una etapa profesional en el centro archivístico, de arduo trabajo y, últimamente, con dificultades. No era partidario de la dispersión documental, algo que termina por destruir esa unidad -tan necesaria- y, también, la entidad cultural. Y así lo expresó cuando se propuso y, después, se determinó desde el Gobierno la salida de documentos, que reclamaba la Generalitat de Cataluña. No le pareció oportuno. Al menos, en aquel instante. Posteriormente, el pasado mes de junio, el Patronato del Centro de la Memoria designaba nueva directora: el nombramiento recaía en la subdirectora del Archivo Histórico de la Guerra Civil. Su criterio no era algo reciente: «es un testimonio vivo de una época y perder esa documentación resultaría penoso», explicaba en junio del año 2000 a este periódico. Ahora, como ya ha hecho en otros establecimientos culturales, dedicará su atención a la renovación -por talante, no se precipitará, pero tampoco "ralentizará" la tarea- de los centros archivísticos, con el propósito de buscar su adecuación, también técnica, a las realidades y necesidades de estos días. El reto profesional, interesante -se trata de los archivos históricos y de los creados recientemente-, le anima.
No le amedrentan los retos profesionales a Miguel Angel Jaramillo. Ya organizó los fondos del Archivo Histórico Diocesano de Zamora. Catalogó mucha documentación que Antonio Matilla Tascón no conoció o no tuvo tiempo de exhumar convenientemente para incluir en su Inventario. Y fue crítico cuando el expolio aquel. Posteriormente, dirigió el Provincial de Lugo. Y de la capital gallega a la salmantina. Donde sigue.
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