viernes, 26 de diciembre de 2008
EN EL PRIMER CENTENARIO DEL NACIMIENTO DE DON LILO

EN: LAINFORMACIÓNRD.NET
SITE: http://lainformacionrd.net
FECHA: 26/12/2008
AUTOR: María Alejandra Veras Pola

Plena de orgullo puedo decir que fui la última "pupila" de Francisco Porfirio Veras Toribio, mi muy querido tío Lilo. Recuerdo con claridad el día en que, aun siendo estudiante universitaria (8 septiembre de 1998), fui acogida como asistente por medio tiempo en su oficina, el Bufete Veras & Veras, situado entonces en el número 14 (altos) de la Máximo Gómez de esta ciudad; gesto por el cual estaré eternamente agradecida pues marcó el inicio de mi formación en la práctica de este oficio.

Para ese año tío Lilo cumplía sus 90 -yo apenas mis 20- e iba a la oficina también por medio tiempo: Él, cansado; yo, con bríos; una combinación de la cual cualquier persona presagiaría resultados muy poco satisfactorios. En nuestro caso particular, no se cumplieron tales augurios, fue todo lo contrario, ya que establecimos una peculiar simbiosis, una relación de afecto sincero muy por encima de la familiaridad. Un verdadero y no menos divertido ejercicio de respeto y paciencia mutuos, a pesar de los vaticinios nada alentadores debido a la diferencia de edades.

A tío Lilo lo tutee desde el primer día y creamos así una camaradería bastante especial que nos permitió profesarnos, de manera franca, un cariño muy noble. Tío Lilo me acogió con los brazos abiertos poniendo a mi entera disposición toda su sabiduría, haciendo la mejor gala de tolerancia y de humildad.

La primera de las tantas lecciones enriquecedoras que recibí de él fue conocer las tres características fundamentales que necesitaría para ser una buena profesional del derecho: "Saber investigar, saber interpretar y saber expresar." ¡Cuánto recuerdo esas palabras día por día!

Mi muy querido tío Lilo también supo maravillarme con su dominio perfecto de cada una de las ramas del derecho, demostrando a esa edad (90) ser poseedor de una lucidez y una memoria exquisitas; muchas fueron las veces en las cuales, a modo de sorpresa ante esas habilidades, le decía que ojalá yo a mi edad (20) tuviese la mitad de su memoria. Recuerdo constantemente una ocasión en la que nos encontrábamos en el área común de la oficina; Luis (hijo de tío Lilo) trataba con su socio, José Alberto, de encontrar algún tipo de referencia legal para un asunto de singular rareza; tío Lilo que entró en la sala parsimoniosamente para despedirse y se interesó en la situación discutida, los remitió sin titubeo directamente al artículo preciso de la ley correspondiente. El pasmo fue general.

También hay que loar la prolijidad con la que tío Lilo mantenía sus archivos y su preciada biblioteca. Su sistema para archivar los expedientes era tan minucioso e infalible que me permitió entregar, en el año 2005 a herederos de un cliente de tío Lilo, copia de un expediente manejado en el año 1955. Y ni mencionar la gran diversidad de casos que todavía albergan esos archivos: Una prueba más del amplio manejo que tuvo tío Lilo del derecho en todas sus ramas; y una fuente rica de la práctica jurídica dominicana del siglo pasado.

Para mi, trabajar con tío Lilo fue siempre un verdadero placer. En ese entonces él estaba sumergido en varias actividades cotidianas que comprendían desde la revisión para la publicación de su obra "Apuntes sobre los Jueces de Paz y su Competencia", la constitución de una compañía y hasta la elaboración de una determinación de herederos y partición, entre otras. Que denota la gran disciplina de la que era acreedor a la hora de trabajar.

El sumergirnos juntos día a día, durante casi un año, para resolver la antes mencionada partición, fue para mi un lujo de lección. Tío Lilo no pudo llegar a palpar los resultados de su colosal tarea en ese caso que finalizó con la emisión de 157 títulos, repartidos exactamente, en provecho de 14 personas. La Resolución emitida al efecto por el entonces Tribunal Superior de Tierras del Departamento Norte tuvo que ser corregida a partir de la instancia que le dio origen, la solicitud impecablemente elaborada por mi querido tío Lilo.

El próximo 23 de diciembre, se conmemoran los 100 años del nacimiento de Francisco Porfirio Veras Toribio, mi muy querido tío Lilo. Recordarle, es algo que suelo hacer con mucha frecuencia, más allá que por sentarme a diario a trabajar en el que fuera su escritorio, más allá que por consultar sus preciados libros y expedientes; porque para mí constituye un privilegio inmenso haber tenido la oportunidad de conocerle, de trabajar con él y de aprender tanto de su paradigmática vida.

Francisco Porfirio Veras Toribio, mi muy querido tío Lilo, fue para mi una persona extraordinaria, un maestro insuperable y un gran amigo; por eso su ejemplo de vida palpitará en mi corazón hasta el fin de mis días.


Tags: archivos personales

Publicado por carmenmarin @ 9:29  | ARCHIVOS PERSONALES
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