jueves, 11 de septiembre de 2008
LOS GUARDIANES DEL LEGADO RADIACTIVO

EN: SOITU.ES
SITE: http://www.soitu.es
FECHA: 11/09/2009
AUTOR: PABLO FRANCESCUTTI

Ciertos residuos radiactivos emitirán radiaciones durante cientos de miles de años. ¿Quién los vigilará a lo largo de ese período? Frente a quienes no creían necesario tenerlos custodiados, pues decían que basta con enterrarlos en un lugar seguro y olvidarse de ellos, avanza el criterio de que no habrá que perderlos de vista por un largo tiempo. En Francia ya toman medidas para vigilarlos durante siglos.

Los almacenamientos dispuestos para esos desechos se instalarán bajo tierra. El diseño de la mayoría de ellos ha abrazado el concepto de recuperabilidad, introduciendo medios de extracción por si algún día circunstancias imprevistas aconsejasen la evacuación de los residuos.

Hasta aquí, todo bien. Pero transcurrirán cien, doscientos, quinientos años... ¿y quién velará para que la ubicación de los depósitos y sus dispositivos de recuperación no se pierda en el olvido? Los gestores franceses han tomado nota del problema, como se aprecia en las declaraciones hechas a Le Monde por Patrick Charton, director adjunto de la agencia francesa de gestión de residuos radiactivos (ANDRA), en donde afirma que "la transmisión de la memoria forma parte de nuestras medidas de seguridad".

Transmisión de la memoria.... no parece fácil. ¿Cuántos mensajes fueron elaborados con pretensiones de eternidad y al cabo de un tiempo no quedaba una persona que pudiera descifrarlos? Fijémonos en las maldiciones inscritas en la entrada de las tumbas faraónicas: pasados unos siglos, nadie en Egipto sabía interpretar los jeroglíficos ni, por lo tanto, tener conocimiento del peligro que corría quien las profanase. Una situación similar (y mucho más peligrosa) podría afectar al promotor del siglo XXIII que quisiese construir un barrio de chalés adosados sobre un olvidado depósito de residuos atómicos.

Conscientes del reto, las autoridades estadounidenses encargaron al semiólogo Thomas Sebeok la confección de un código de comunicación con las generaciones futuras a prueba de malentendidos. Sebeok, que como buen semiólogo no se fiaba del todo de los lenguajes perfectos, recomendó complementar el código con la creación de un cuerpo especializado, un "sacerdocio atómico", a semejanza de los monjes que preservaron el saber grecolatino a través del Medioevo. Finalmente, en Estados Unidos han resuelto rodear los almacenamientos subterráneos con advertencias en varios idiomas, grabadas en mármoles capaces de perdurar 50.000 años. En Japón, en línea con sus tradiciones, alzarán templetes con mapas de los depósitos grabados en tungsteno o titanio.

Enseñanza del medievo: mejor ilustrado
De momento, ANDRA ha optado por colgar en Internet una "Memoria sintética dirigida a las generaciones futuras", generosamente ilustrada (una enseñanza de la Edad Media: los textos ilustrados cuentan con más posibilidades de ser preservados); en paralelo, se repartirá con las Comisiones Locales de Información la tarea de conservar los mapas de los almacenamientos. Dichos documentos, de los cuales se guardarán copias en todos los archivos nacionales, se imprimirán en papel "permanente", con una durabilidad de 600 a 1.000 años. Asimismo, se insertarán recordatorios en los registros catastrales para evitar que el día de mañana los sitios de su emplazamiento sean reutilizados.

Imperceptiblemente, nos internamos en el territorio de la ciencia ficción. ¿Cómo no pensar en las Zonas Prohibidas, esos recintos cerrados a cal y canto esparcidos por el futuro, vestigios del saber atómico de épocas anteriores, a veces abandonados, a veces custodiados por implacables vigilantes dispuestos a fulminar a los intrusos? Haciendo la salvedad de que las Zonas del cine tenían a sus espaldas el holocausto atómico, los usos pacíficos de la energía nuclear nos abocan a un reto parecido: hacer llegar a los habitantes del mañana una advertencia duradera sobre nuestro legado radiactivo.


Tags: conservación, seguridad, preservación

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