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FECHA: 13/04/2008
AUTOR: JOSÉ A. GÓMEZ MUNICIO
UNA de las paradojas más interesantes que produce la evolución tecnológica de la modernidad es que nos sirve para acercarnos mucho más y mejor a nuestro pasado. Lo de la pescadilla que se muerde la cola. Y es que cuanto más modernos somos, cuánto más al alcance tenemos el mundo, más necesitamos saber que venimos de algún sitio. Porque cuanto más sabemos, más angustia nos provoca saber que un día ya no estaremos aquí y seremos historia, como otros que estuvieron antes que nosotros. Y porque al fin y al cabo nuestro pasado como colectividad nos constituye casi tanto como nuestros genes. Por eso tienen tanto sentido secciones sobre la memoria como la que Carlos Álvaro lleva tiempo haciendo en estas mismas páginas con una tenacidad digna de elogio, y que se ha convertido ya en un referente sobre cómo contar nuestra historia más reciente.
Justamente esa historia reciente, la que está en la memoria de nuestros mayores grabada a golpe de buril o daguerrotipo, y que ha hecho además del periodismo una de sus fuentes más necesarias, tiene ahora una ventana excepcional con internet. Los amantes de asomarse al pasado segoviano, que no son pocos, tienen una oportunidad fantástica de acceder a algunos documentos de gran valor histórico, que se han puesto al alcance de todos en el marco de la Biblioteca Virtual de Prensa Histórica. Sólo con teclear ese nombre en cualquier buscador podemos tener acceso a varios números enteros y excepcionalmente escaneados de algunas publicaciones que ya son historia del periodismo segoviano y a través de las cuales se puede rastrear nuestra historia ideológica y cultural. Tesoros como las actas de la Sociedad Económica de Amigos del País de Segovia de 1784 («la enseñanza pública es origen de la Felicidad del Estado», se puede leer en ellas; fíjense, purito XVIII, los ideales de la Razón y el Progreso, qué nostalgia, ¿verdad?) o distintos periódicos de finales del XIX y comienzos del XX, desde 'El porvenir Segoviano' a 'El Faro de Castilla', pasando por el mítico 'Manantial' de Machado o los curiosos 'Cultura segoviana', 'La ciudad y los Campos' o 'La tierra de Segovia'.
Lo primero que llama la atención es la vitalidad opinadora, periodística y política de un lugar aparentemente pequeño como Segovia, pero en el que convivían en los años 30 publicaciones tan diferentes como el semanario católico-tradicionalista (así se hacía llamar) 'El amigo del Pueblo', o 'Universidad y Tierra', el boletín de la Universidad Popular Segoviana, en el que podemos leer interesantísimos artículos, entre ellos uno especialmente emocionante de Mariano Quintanilla sobre el desaparecido periodista, y olvidado por casi todos a pesar de ser un grande, Ignacio Carral.
Lo que antes sólo podíamos ver yendo a los archivos y desempolvando viejos legajos, ahora podemos consultarlo tranquilamente con un par de movimientos de la mano en nuestra casa mientras nos tomamos un cafelito. No cuesta ningún trabajo entrar de lleno en esa máquina del tiempo que se pone en marcha cada vez que leemos alguno de esos documentos, donde se nos recuerda el ambiente efervescente del siglo XIX español y en los que, con la ventaja que da poder leer sabiendo el final de la historia, podemos comprobar, con todos los matices que seamos capaces, las sensaciones que precedieron al Golpe de Estado de 1936. Y también podremos entender que los medios de comunicación o la necesidad de expresión de los ciudadanos, siempre tiene como objetivo, como quedaba claro en la cabecera de 'El defensor', ser «protector de los intereses materiales y morales de esta provincia». Maravillosa paradoja: por la misma pantalla por la que se nos cuela en casa la noticia que acaba de suceder a miles de kilómetros, nos vuelve con la misma frescura lo que sucedió hace cien años.
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