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FECHA: 22/03/2008
La preservación de sus archivos es un deber básico del Estado. El deterioro y la destrucción documental, por su parte, conspira contra el acceso a la información, la búsqueda de la verdad y la revisión documental de los hechos del pasado.
Nuestro aparato burocrático, como parte de un modo de funcionamiento poco transparente y no siempre racional, tiene como costumbre la destrucción de documentos, el ocultamiento de los mismos y el abandono negligente de los archivos. Un ejemplo que combina todos estos rasgos es el referido a los archivos sobre el ingreso de inmigrantes al término de la Segunda Guerra Mundial -entre los cuales se hallaba la documentación que permitiría esclarecer la cantidad e identidad de nazis que entraron al país- los cuales, según lo confirmó a este medio la Dirección Nacional de Migraciones, fueron incinerados por "problemas de espacio" en 1951 y en 1955. La documentación que quedó a salvo fue donada como papel en 1970 a una asociación de sordomudos.
Esta reciente constatación obliga a que el Estado adopte las medidas necesarias para preservar y permitir el acceso a sus archivos documentales, los cuales deben contar con instalaciones y ordenamientos adecuados.
La pérdida de documentación sobre el ingreso de nazis al país, es un ejemplo más de la manipulación o la desidia que afectan al archivo de documentos históricos y a la preservación de la memoria histórica.
Tags: preservación, conservación