REPORTAJE: RESTAURANDO PAPEL, SALVANDO HISTORIA
EN: RADIO UNIVERSIDAD DE CHILE
SITE:
http://www.radio.uchile.cl
FECHA: 05/09/2007
AUTOR: FABIOLA OROPESA
Pronto llegará a Chile el material inédito de Gabriela Mistral y se unirá al gran tesoro bibliográfico que posee en nuestro país la Biblioteca Nacional. Libros, periódicos, revistas, manuscritos, mapas, fotografías dan cuenta de nuestra historia y deben ser sometidos a procesos de mantención y restauración para combatir a su principal enemigo: los años.
El paso del tiempo no perdona a nadie, ni siquiera a los recuerdos o a nuestro pasado que, en un esfuerzo y en un gesto de perseverancia, intentamos mantener vivo a través de lo que se ha escrito en libros y publicaciones. El papel es frágil para contar nuestra historia y, literatura, crónicas, periódicos, van rindiéndose poco a poco al amarillo de los años, muchas veces, hasta desaparecer. Sin embargo, nos resistimos a esta pérdida y a través de diversas técnicas, hay quienes se dedican a conservar estos registros. Algo familiar para Olaya Balcells, quien aprendió todos los secretos de la restauración de libros en el Instituto Palazzo en Florencia, Italia. “Cuando tú restauras un libro no puedes devolverlo a su estado original pero sí puedes recuperar su uso para que el documento pueda ser consultado o exhibido, según el caso”.
No da lo mismo tampoco enfrentarse a obras de distintas épocas. Ahí la encuadernación es fundamental; saber cómo está hecho un libro es indispensable para que la restauración se haga acorde al estilo. Y son esas diferencias las que hacen más o menos difícil la labor de conservación. “Los estilos y los materiales varían según la época. No es igual un libro de la Edad Media que uno del siglo XIX. En general, son mucho más fáciles de restaurar los del siglo XVIII hacia atrás porque estaban hechos de materiales más nobles, del XIX hacia delante, en cambio, va reemplazándose la celulosa por el papel y luego por el plástico, lo que hace más complicada su restauración”, señala Balcells.
Olaya trabajó en el Archivo Nacional reencuadernando el libro “Becerro”, nombre que se le da a las Actas de Constitución de la ciudad de Santiago, firmadas por Pedro de Valdivia. Un manuscrito sobre papel que fue restaurado siguiendo el estilo de encuadernación de la época. Entre las experiencias que ella atesora, también está el último diario de vida de José Miguel Carrera. “Me tocó restaurar el diario que supuestamente él llevaba en Mendoza cuando lo mataron. Eso tuvo una carga emocional súper fuerte porque cuando uno tiene entre sus manos un documento como ése, es imposible no leerlo y sentir el peso de la historia, sentir que hay una persona detrás de ese documento”.
En nuestro país conservamos en el Museo Bibliográfico de la Biblioteca Nacional ejemplares incunables, esto es, publicados hasta cincuenta años después de inventada la imprenta. Por ejemplo un misal Benedictino del Monasterio de Monserrat de 1499; la edición de “Las siete partidas”, publicada en Sevilla por Alfonso X; literatura clásica de Virgilio o Plutarco y otro tipo de obras como “La nave de los locos” (1498), un poema satírico del humanista alemán Sebastián Brandt.
Además contamos con algunos primeros impresos americanos, según señala el historiador y conservador de la Sala Medina de la Biblioteca Nacional, Rafael Sagrado. “Tenemos, por ejemplo, una mística teológica publicada en México en 1549 de San Buenaventura o “El modo de ganar el Jubileo Santo”, publicada en Chile en 1776, que es el primer impreso chileno en que se entregan instrucciones para ganar las indulgencias. Otra obra importante es una doctrina cristiana publicada en Lima en 1584, una de las primeras obras impresas en Sudamérica y una especie de catecismo que fue publicado en español, en aymara y en quechua, para apoyar la evangelización de los indios en el Perú”.
Las obras del Museo Bibliográfico permanecen en una especie de caja fuerte. En la Sala Medina, en cambio, los libros están resguardados en anaqueles especiales donde existen todas las condiciones para su conservación. Y es que el polvo y los factores ambientales son sus principales enemigos. “El problema de Santiago es que es una ciudad de aire muy contaminado y muy seco, por tanto, los libros antiguos que son en pergamino o en cuero están muy deshidratados y quebradizos; hay que pensar que la contaminación es un aire que se impregna y los más afectados, justamente, son los documentos de archivos y bibliotecas”, explica la restauradora Olaya Balcells.
Por eso una mantención mínima es realizar una limpieza periódica y desempolvar los libros una vez a la semana. Para evitar su deterioro es aconsejable guardarlos apartados de la ventana y si usted quiere ir más lejos, almacenarlos en una caja de cartón libre de ácido, que los proteja de todo lo que les hace daño: contaminación, humedad, luz.
Esto si cuenta con algún ejemplar antiguo pero asimismo con los más nuevos, pues, las grandes obras no sólo están en la biblioteca, su colección bibliográfica, también forma parte importante del relato de nuestra historia.
Tags: Archivo Histórico, Conservación