JOYAS OCULTAS
EN: RADIO UNIVERSIDAD DE CHILE
SITE:
http://www.radio.uchile.cl
FECHA: 04/05/2007
AUTOR: Vivian Lavín
El Archivo Central Andrés Bello resulta una de esas gratísimas sorpresas que nos depara nuestro patrimonio pero del que no nos hacemos cargo como sociedad. Y aquí una vez más el tema económico, puesto que sus recursos se han visto disminuidos de tal forma que hoy trabajan allí sólo 17 personas de las 50 que había a principios de los 80.
Hace sólo unos meses quedamos boquiabiertos cuando el Prorrector de la Universidad de Chile, Jorge Las Heras anunció el hallazgo de una enorme infraestructura construida en el subsuelo del Instituto Nacional. Un enorme coloso de concreto abandonado desde mediados del siglo pasado que alguna vez aspiró convertirse en un gran teatro pero del que sólo quedó su esqueleto. Columna vertebral que será aprovechada para crear el Teatro para el Bicentenario, como lo relató entusiastamente la autoridad entonces. ¿Habrá conseguido el respaldo económico necesario para concretar este sueño anhelado por una comunidad que excede a la Universidad de Chile y al Instituto Nacional? Un mero observador externo diría que sí, sin duda, que sí. Que la Universidad Pública no tendría por qué haber tenido problemas para conseguir cifras que parecen ridículas cuando la necesidad de un Teatro Nacional es urgente y más aún, cuando nuestra economía se jacta de recursos que exceden nuestro gasto interno. Que la conmemoración de los 200 años de vida independiente es más que una buena razón y que nuestra patria se merece grandes obras que hablen de manera elocuente del éxito económico alcanzado. Razonamientos que resultan de perogrullo pero que con vergüenza constatamos a diario no se cumplen.
A escasos metros de este gran sueño teatral pero sobre la superficie se ubica una verdadera “joya patrimonial”. Se trata del Archivo Central Andrés Bello de la Universidad de Chile, donde se lucha denodadamente por conservar objetos invaluables para nuestra cultura e historia.
Podríamos decir que es como una pequeña Biblioteca Nacional que contiene la que fuera la Biblioteca Central de la Universidad de Chile, la unidad de fotografía más completa de nuestro país, un laboratorio de elaboración de papel y talleres de restauración, imprenta y encuadernación. Un pequeño milagro ubicado a uno de los costados de la Casa Central de la Universidad de Chile que atiende preferentemente a investigadores pero también al público general y que dispone de colecciones que logran auténticamente maravillar. Como la Sala Universidad de Chile diseñada especialmente para albergar la Biblioteca de los Agustinos, toda en madera y tallada en finos relieves, al estilo de las nobles bibliotecas europeas y de las que tenemos cuenta en la Biblioteca Nacional por sus salas Ercilla o Medina. Menos lujosa pero igualmente impresionante resulta la Sala donde se conserva la biblioteca privada que donara Pablo Neruda a la Universidad de Chile en el año 1954 junto a su preciosa colección de caracolas, de la que Editorial Universitaria acaba de editar un libro de lujo preparado por la malacóloga Cecilia Osorio. En ese espacio conviven incunables de Petrarca, ejemplares únicos de Camoens junto a especies marinas exquisitas, como la que le regalara Rafael Alberti o Mao Tse - Tung al mismo Neruda.
El Archivo Central Andrés Bello resulta una de esas gratísimas sorpresas que nos depara nuestro patrimonio pero del que no nos hacemos cargo como sociedad. Y aquí una vez más el tema económico, puesto que sus recursos se han visto disminuidos de tal forma que hoy trabajan allí sólo 17 personas de las 50 que había a principios de los 80 y el laboratorio de restauración no cuenta con personal estable.
Por el archivo, por el Teatro...seguiremos predicando en el desierto.
Tags: archivo central, Chile