PRISIÓN SIN MUROS
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FECHA: 08/04/2007
AUTOR: M. FRECHILLA/OVIEDO
El primer año de obras en la antigua cárcel culmina con el derribo de muros y edificios, y la construcción de la estructura de la futura sede del Archivo Histórico
Cuando la nueva sede del Archivo Histórico Provincial abra sus puertas -en principio, a finales de 2008-, seguirán en pie algunos vestigios de su pasado como prisión provincial: el muro exterior del paseo de ronda con sus castilletes de vigilancia, desde donde los guardias cuidaban de que no se escapase ningún preso; el kiosco que luce bajo la cúpula central; o cuatro celdas, remodeladas como símbolo de las luchas fraticidas. La cárcel de Oviedo tuvo un especial significado durante la guerra civil, y los responsables culturales no quieren que se olvide la historia del lugar para no repetirla.
Sin embargo, otros elementos habrán caído bajo la piqueta. Desde que llegaron las primeras máquinas y operarios en enero de 2006, los trabajos de la Unión Temporal de Empresas adjudicataria, Dragados-Hermanos Sampedro, se han centrado en el saneamiento del edificio, derribos y construcción de una nueva configuración interior. «La obra está en fase de estructura. Queda casi todo», respondía el arquitecto coordinador de la obra, Joaquín Bau, tras la reciente visita de la ministra de Cultura, Carmen Calvo, para conocer la marcha de los trabajos.
Para llegar al levantamiento de la estructura, que se está llevando a cabo en este momento, han tenido que llevar a cabo una limpieza en profundidad del edificio y su entorno, abandonados durante años. El interior era en algunas zonas una auténtica escombrera, llena de desechos y trastos viejos, donde campaban a sus anchas toxicómanos y personas sin techo. La situación aconsejó incluso la vacunación de hepatitis de los trabajadores.
Luego demolieron algunos edificios complementarios y cuerpos adosados, construidos en su día para cubrir necesidades que iban surgiendo en el centro penitenciario. Para compensar la disminución de edificabilidad por los derribos, se habilitará un espacio bajocubierta para el depósito de documentos. También servirá de reserva para futuras ampliaciones. El futuro archivo nace holgado, es uno de los mayores del país, con 65 kilómetros de estanterías dispuestas a lo largo de los cuatro brazos laterales del inmueble.
El Ministerio de Cultura, promotor de la obra, no quiere que la historia se repita. Y es que en este momento, el servicio documental regional, en el Monasterio de San Pelayo, está agotado y han tenido que habilitarse cuatro depósitos externos.
La UTE también echó abajo muros, sobre todo interiores, y comenzó a construir una estructura nueva. Primero, con dos fases de cimentación, con hormigón ciclópeo y zapatas. Luego se fueron levantando los forjados de los pisos, con una configuración más acorde con el futuro uso que va a tener. También se realizó la cubierta del edificio administrativo.
La nueva distribución no tiene nada que ver con la anterior, pero no todo cambia. Las rejas de las ventanas de la cárcel seguirán. Los huecos existentes en las fachadas se aprovecharán para proporcionar iluminación y ventilación.
Y la adecuación ha servido para introducir una mejora que beneficiará a la conservación de las 76.000 cajas con documentos y los 13.000 volúmenes que se atesorarán en la futura sede del Archivo Histórico. Se ha dejado una cámara de aire para protegerlos de la humedad, uno de sus peores enemigos.
Plantas comunicadas
La antigua prisión fue inaugurada en 1897, con un diseño del arquitecto asturiano Eduardo Adaro, autor también de la Cárcel Modelo de Madrid. Fue uno de los primeros edificios de España en el que se empleó el hormigón armado como elemento constructivo, lo que ha jugado a favor de su conservación.
El cuerpo principal tiene una disposición radial: los cuatro brazos de celdas confluían en un espacio central, según el modelo panóptico, concebido para permitir la visibilidad y facilitar así la vigilancia en todas las galerías. Las tres plantas de celdas superpuestas estaban unidas por un módulo de comunicación vertical. Además, horizontalmente, se podía recorrer toda la galería mediante pasarelas en voladizo.
Las tres plantas del Archivo también estarán comunicadas. El quiosco central bajo la cúpula se ha aprovechado para construir un anillo en voladizo que comunica cada una de las mismas con todos los depósitos. El proyecto recupera, por tanto, el panóptico central y devolverá a su estado original la linterna de la cúpula. Se trata de uno de los elementos distintivos de esta construcción de finales del siglo XIX, que le otorga su característica silueta.
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