LADRILLOS CONTRA PAPELES
EN: ABC.ES
SITE:
http://www.abc.es
FECHA: 18 12 2006
AUTOR: Antonio Piedra
EN las páginas de información nacional, publicaba el ABC del sábado pasado una noticia que afecta muy directamente al patrimonio archivístico de Castilla y León.
El titular se encabezaba con una cita de Jordi Puyol, declarando que la ley de memoria histórica, según su juicio, era a todas luces «imprudente y peligrosa». Y el subtítulo, que es a lo que voy, revelaba que «El PNV exige sus papeles de Salamanca con la amenaza de votar en contra». Pues que lo haga. No se trata de una noticia para Castilla y León en el sentido novedoso del término, sino de una puesta en escena, la penúltima -la última será la fatal y a la marcha del bólido me temo que está a punto- para terminar de una vez por todas con el Archivo de Salamanca, con su unidad, y con la preservación de la memoria histórica de la guerra civil. El resto no es más que música celestial.
Estamos ante una nueva guerra del papel perdida de antemano. Nada más. Por mucho documento que reclame y se lleve el PNV de Salamanca, tampoco conviene escandalizarse demasiado por la verraquera ajena. Y es que en todas partes cuecen habas. Hablar de papeles y de archivos no tiene la menor importancia en cualquier parte de la España invertebrada, pues se trata de un maquillaje ilustrado que ofician políticos con vocación de fogoneros. Sí, de esos que no les importa demasiado enrojar la lumbre o las mentes con legajos. Si se tratara de gestionar los ladrillos del patrimonio histórico, otro gallo cantaría.
Entonces, punto y aparte, señores míos. Qué diligencia tan presta, por ejemplo, la de las Cajas de aquí y de allá con inversiones multimillonarias y fundaciones prepotentes. La diferencia, no sé por qué, se resuelve siempre a favor del ladrillo. Algo realmente humillante para el patrimonio escrito que acaba ocupando, y con dificultades incontables, las humildes dependencias del servicio doméstico.
Esta situación del ladrillo impoluto iluminado por halógenos frente a la del papel avivado con farolillo de gas, no es nueva. Me recuerda a cierto duque de Osuna, a don Mariano Téllez Girón, de feliz memoria. Con tanta construcción y mantenimiento, el pobre, se vio en una grave crisis y tuvo que optar por iluminar sus palacios o por oscurecer sus cuentas bien documentadas. Repasando con el gerente de la gran casa esos papeles, optó lógicamente por lo último. Ante el dispendio que suponía hacer el balance a la luz de una vela, atajó el duque lleno de razón ahorradora: «Ramón María, por Dios, ¿No se te mueve el alma? Apaga esa vela entre carta y carta. ¡Así se va mi casa!». Moraleja: donde hay un buen ladrillo sobran las letras.