NECESIDAD DE LA CREACIÓN DE UNA FACULTAD DE FILOSOFÍA Y LETRAS Y VENTAJAS QUE PROPORCIONARÁ SU BUEN FUNCIONAMIENTO
(EXPOSICIÓN DE MOTIVOS QUE LA COMISIÓN ORGANIZADORA DE LA FACULTAD DE FILOSOFÍA Y LETRAS DE LA UNIVERSIDAD CENTRAL PRESENTA AL CIUDADANO RECTOR DE LA MISMA)
En la Universidad Central de Venezuela quedo interrumpida la tradición de una Facultad de Filosofía y Humanidades. Durante mucho tiempo, esta Universidad ha venido funcionando desvertebradamente, sin contar con la fuerza de esa corriente de savia totalizadora que es siempre un centro de estudios humanísticos.
En cierto modo, una Universidad sin estudios oficiales de Filosofía y Humanidades es una Universidad que ignora la intimidad de su ser y que- por ausencia de un centro de gravedad- vive en crisis esencial. De allí el espectáculo angustioso de un mosaico de escuelas escasas de conexión lógica, sin apoyo ni justificación entre sí, circunscritas a suministrar una erudición o una técnica científica.
Sin caer en Hipérboles puede decirse que, históricamente, todas las Universidades de abolengo se han desarrollado alrededor de su Facultad de Filosofía y Humanidades, la cual, al cargarse de nuevas experiencias y perspectivas en su desenvolvimiento dialéctico, pasa a ser el principio directriz que polariza y concilia todas las tendencias docentes, culturales e intelectuales, asegurando la unidad y uniformidad culturales, tan necesarias en toda universidad e incluso en toda nación.
Si bien este precedente histórico y aquella noción de compenetración universitaria nos permiten ya apreciar –en su justo valor y alcance- la trascendencia cultural y docente de la Facultad de Filosofía y Letras, es posible además ofrecer sumariamente argumentos prácticos que contribuyen, tal vez, si no a convencer por lo menos a persuadir a los espíritus sahories, que alardean de estar ceñidos a la experiencia y de no dejarse llevar demasiado, como los fanteaseadores, de las cosas que escapan a sus cálculos.
No se trata –como podría creerse- de reanudar los estudios de filosofía en vez de atender a otras necesidades, que algunos consideran más urgentes. Se trata por el contrario, de satisfacer una de las necesidades ineludibles –sincera y entrañablemente sentida por la Universidad desde hace muchos años- y de contribuir con esta misma medida a la solución de los otros que reclamando están nuestra preferente atención, cancelando al mismo tiempo una tremenda deuda pendiente con la cultura nacional.
A parte de la unidad cultural a que hemos aludido y cuyo calculable alcance es difícil diafanizar aquí, la Facultad de Filosofía y Letras -inútil parece consignarlo- contribuirá a producir y alimentar ideales de perfección del saber y a formar verdaderos maestros en su respectiva especialidad, que además de conocerla sepan enseñarla; que no solo sepan investigar, si no que además sean capaces de superar las dificultades y de mostrar a los alumnos el método necesario para que puedan hacerlo ellos también, empleando adecuada e independientemente su propia razón.
Pero hay algo más, esta Facultad –fuente de la que emanará perennemente el surtidor de nuestros más altos conceptos de la vida y la cultura- marcará el sentido creador y el rumbo cierto de nuestros esfuerzos comunes y evitará que naufrague en un dédalo de contradicciones o menesteres minúsculos gran parte del talento nacional.
Muchos de nuestros jóvenes –generalmente con talentos naturales para la especulación desinteresada, o para la alta critica literaria, o artística, o para estudios especializados- han tenido que recurrir a las fórmulas de la preparación autodidacta, en forma ciertamente meritoria y plausible, pero sin el necesario respaldo de una institución docente organizada. Los estudiantes venezolanos que en los últimos años han sentido vocación por los estudios humanísticos o filosóficos, han debido optar siempre entre dos soluciones deficientes: o torcer su llamamiento vocacional o satisfacerlo en el extranjero. De estos últimos, muchos- queriendo ser prudentes- no regresan; otros lo hacen en condiciones desafortunadas, encontrando dificultades hasta para revalidar el título y, desde luego, para hallar un ambiente propicio en lo técnico y en lo profesional. Las condiciones deplorables son bien conocidas.
La Facultad de Filosofía y Letras podría ser el primer paso tendiente a remediar esta situación. Ella podrá hacer que la precisión y la claridad en el lenguaje y en el pensamiento, sean patrimonio familiar del estudiante venezolano, que, generalmente, no carece de talento ni de capacidades de creación, pero que por no haber encontrado en la Universidad un medio adecuado, derrocha esas cualidades, cuyo desborde llega a actuar en ocasiones como factor de dispersión. Ella hará que nuestra juventud universitaria, tan ansiosa de orientación, entre en contacto con el movimiento general de las ideas y se disponga a trabajar en el hallazgo de una respuesta satisfactoria para las interrogantes culturales, sociales y humanas, que están esperando ese aporte. En esa forma podremos contar dentro de pocos años con un grupo de personas que, estando bien dotadas naturalmente y equipadas con el bagaje de conocimientos necesarios para comprender la realidad cultural venezolana y razonar con técnicas adecuadas, se ocuparán de analizar y estudiar dicha realidad, dejándonos valiosos frutos de su esfuerzo.
Ahora bien. No se trata de retroceder, como es lógico, a modelos arcaicos en la reapertura de la Facultad de Filosofía y Letras. El respeto a la tradición queda ya asegurado por el simple hecho del restablecimiento. Pero el pensum establecido en el papel, que lleva ya años de latencia sin contacto alguno con las últimas experiencias docentes, debe ser sustituido por otro establecido como ensayo, más elástico y más denso, dando así a la Facultad reconstruida, el estilo moderno que mejor pueda convenir a su eficacia cultural y docente.
La Comisión Organizadora de la Facultad de Filosofía y Letras, nombrada por el ciudadano rector de la Universidad Central en fecha reciente, opina que las consideraciones que preceden aconsejan la inmediata creación de una nueva Facultad de Filosofía y Letras en el sentido antes dicho y bajo las condiciones siguientes:
1.- En el presente año académico, 1946 -1947, solo debe comenzar a funcionar la Sección de Filosofía. Ni permite más el presupuesto asignado a la Facultad, ni conviene comenzar con secciones que podrían coincidir con estudios de otros centros oficiales de enseñanza superior, sin precisar de antemano las fórmulas de mutua relación que convengan.
2.- Todo el Profesorado que se utilice deberá ser interino o por contrato de un año.
3.- El Decano de la Facultad deberá actuar como Director General de los Cursos Especiales de Divulgación Cultural y Científica que serán establecidos con la máxima amplitud posible, con el fin de que la Escuela cumpla con la gran función que le compete dentro de la Universidad, aun fuera de sus materias lectivas y de sus seminarios.
4.- A pesar de la provisionalidad de todo lo que se establezca, se partirá -especialmente en lo relativo al Pensum de Materias- de un plan general concebido para la carrera completa, fijando su duración en cuatro años.
5.- En documentos separados, la Comisión presentará su proposición de Pensum de Materias y su Ante - Proyecto de Reglamento de la Facultad, este último formalmente circunscrito al año académico 1946 - 1947
Domingo Casanova
Luís Villalba Villalba
Guillermo García Mendez
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Universidad Central de Venezuela
Comisión Organizadora de la Facultad de Filosofía y Letras