miércoles, 10 de mayo de 2006
LOS POLOS, ARCHIVOS CLIMÁTICOS MUNDIALES

EN: INVESTIGACIÓN. REVISTA DE LA INVESTIGACIÓN EUROPEA
SITE: http://www.eu.int/comm/research/rtdinfo/special_pol/03/article_2596_es.html
FECHA: MAYO 2005

El estudio del antiguo clima de nuestro planeta parece un verdadero trabajo de detectives. Hasta el más mínimo indicio es importante, y cualquier irregularidad en la composición del hielo, de los sedimentos submarinos o del suelo puede aportar una información crucial y arrojar luz sobre los pasados sobresaltos climáticos de la Tierra. Pero hace falta saber dónde buscar y cómo descifrar la información. Y eso es lo que hacen sin cesar los ejércitos de científicos que acuden a las regiones polares.

Es ahí, en las latitudes más altas, donde se encuentran inscritos en el hielo infinidad de datos. Un hielo continental a menudo grueso, como por ejemplo el de Groenlandia o la Antártida, es el fruto de una acumulación de precipitaciones que se remontan hasta un millón de años atrás y que a lo largo de su formación ha atrapado gases, moléculas y polvo, que dan testimonio de las condiciones medioambientales históricas y prehistóricas.

Un fenómeno similar atrae al fondo de los océanos a los investigadores apasionados por nuestro clima y su historia, tanto en las regiones polares como en el resto del planeta, puesto que los sedimentos lentamente acumulados durante millones de años proporcionan señales climáticas del pasado a aquellos que saben cómo interpretarlas.

Estas informaciones también pueden obtenerse mediante el análisis de pólenes encontrados en las turberas polares, en el fondo de los lagos, en los suelos o debajo de ellos. En las regiones templadas, como por ejemplo Europa, las grutas naturales que se han formado en los macizos kársticos encierran también estigmas de las fluctuaciones climáticas antiguas y complementan de este modo los datos que se encuentran en las regiones polares.

Un gigantesco libro de historia

Con 3.000 metros de espesor en Groenlandia y casi 5.000 metros en la Antártida, los gigantescos casquetes polares son una de las herramientas más preciadas de los paleoclimatólogos.

A lo largo de su formación, estos glaciares han acumulado estaciones y estaciones de precipitaciones de nieve. Cada año, las capas de nieve que han acumulado a su paso por la atmósfera los gases del ambiente, polvo de diversa naturaleza, pólenes tal vez, se comprimen todavía más debido a la presión de las siguientes capas. En el transcurso de los siglos y los milenios, el casquete glacial parece un milhojas. Un libro gigantesco, en el que las hojas se encuentran en las finas capas de los casquetes de hielo, de las que se extraen mediante grandes trabajos de perforación en adelante internacionales. Se puede, por ejemplo, descubrir las grandes erupciones volcánicas e incluso trazas de plomo de la industria romana de hace 2.000 años.

Los investigadores encuentran múltiples informaciones. El análisis de la estratigrafía de los casquetes de hielo proporciona información, por ejemplo, sobre la abundancia de las precipitaciones al final de las estaciones. Las burbujas de aire atrapadas por la nieve y que se encuentran en el hielo aportan información sobre la composición de los diferentes gases que se encontraban en la atmósfera del pasado.

La composición isotópica de las muestras permite determinar la temperatura a la cual se formó la capa estudiada. El estudio del tamaño y la naturaleza de las partículas atrapadas proporciona información sobre la circulación atmosférica. Otros parámetros físico-químicos del hielo, como su conductividad eléctrica, proporcionan además otros tipos de información a los investigadores y el aumento de estos parámetros genera una fiel restitución de los climas antiguos.

La relación entre la concentración de CO2 atmosférico aprisionado en forma de burbujas y la temperatura de formación del hielo pone en evidencia el impacto del efecto invernadero… Desde hace unos 200 años, este efecto invernadero, exacerbado por la explosión demográfica mundial, junto con el comienzo de la industrialización en el siglo XVIII y finalmente por el desarrollo del automóvil, también se encuentra inscrito en los hielos polares, así como los diversos ensayos nucleares realizados en los años cincuenta y, por supuesto, todos los cataclismos naturales que han afectado a la atmósfera.
Publicado por carmenmarin @ 11:05  | Investigación
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